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NO GO ZONE
Fukushima, Japon - 2011 / 2014


Carlos AYESTA et Guillaume BRESSION
Lauréats du Prix SOPHOT 2015


Vernissage, le mardi 19 Mai 2015 de 18h à 21h
Exposition : 20/05/2015 au 18/07/2015
Du mercredi au samedi de 13h30 à 18h30

Galerie FAIT & CAUSE
58 rue Quincampoix, 75004 Paris - Tél. +33 (0)142742636
https://www.fukushima-nogozone.com

Dossier de presse

En mars 2011, nous avons découvert, hallucinés, le no man’s land autour de la centrale nucléaire. Dans le centre-ville d’Odaka à une quinzaine de kilomètres de la centrale, le temps s’était subitement interrompu. Un canapé avait été laissé au milieu de la route, un chat regardait par la vitre d’une fenêtre couverte de boue comme s’il attendait le retour de ses maîtres, une musique ringarde continuait de résonner à l’intérieur d’une laverie automatique. Ces détails rappelaient l’urgence avec laquelle les 80 000 résidents de la zone interdite avaient pris la fuite, un territoire d’un rayon de 20 km autour du site de Fukushima Daiichi ayant été évacué en seulement quelques jours. Au milieu des villes désertes, nous croisions pourtant de rares habitants : des résidents en masque et combinaison radiologique courant affolés, des policiers un peu perdus ne sachant pas quelle instruction donner ou encore un éleveur essayant de sauver ses chevaux affamés. Plusieurs de ses chevaux, abandonnés pendant plusieurs semaines à cause de l’évacuation, gisaient dans cette étable en grande partie détruite par le séisme et le tsunami. De notre côté, nous avancions, les yeux rivés sur notre dosimètre : « C’est donc cela un accident nucléaire ». Six mois plus tard nous avons voulu convertir ce choc initial en un projet artistique personnel. « Fukushima no go zone » était né. Ce travail au long cours allait durer six ans et nous a conduit à de multiples reprises dans la zone interdite de Fukushima. Notre première photographie a été prise en décembre 2011. Munis d’une combinaison radiologique et d’un laisser passer, nous avons pu franchir le check-point, à 20 km de la centrale nucléaire.  Les activités journalistiques et artistiques à l’intérieur de la zone interdite étant strictement limitées, nous étions habités par la menace d’une interpellation par la police. Pendant toute la durée de notre travail à Fukushima, la peur des autorités l’a finalement emporté sur la crainte de la radioactivité qui représentait à nos yeux un danger moins palpable et immédiat.
Tard dans la soirée, nous avons rejoint la gare de Tomioka, à 7 km de la centrale nucléaire et qui avait été entièrement submergée par le tsunami. Au milieu des rails, notre lampe frontale a éclairé une épave de voiture. Cette apparition inattendue – symbolique pour nous du tsunami et de l’évacuation des habitants – a donné lieu à la première photo de la série « A no man’s land ». Et d’une certaine façon, elle a donné le ton à tout notre travail photographique.
Série « Mauvais rêves » Comment montrer ce qui ne se voit pas ? Ce qui ne se sent pas ? Nous avons choisi de délaisser l’approche documentaire pour la mise en scène, seule façon de révéler l’invisible. Directement touchés dans leurs corps et dans leur cœur par la menace de la radioactivité, les résidents de Fukushima eux-mêmes ont été sollicités pour désigner la frontière impalpable entre ce qui est contaminé et ce qui ne l’est pas. Frontière subjective s’il en est. Pourtant, les villes, les campagnes et les forêts sont divisées entre des zones interdites et d’autres pas. Pour montrer ces limites et leur flou, nous avons choisi un film étirable ou encore une bulle. Précision utile : les mises en scène sont bien réelles, les logiciels de retouche n’ont été utilisés qu’à la marge. Avec la série « Mauvais rêves », la fiction révèle le réel et non l’inverse.
Carlos AYESTA et Guillaume BRESSION
www.fukushima-nogozone.com

« Revenir sur nos pas… »
« Ça peut paraître étrange de vouloir revenir ici,

mais le fait de le dire permet de garder le moral, de rester en  vie. »
Shigeko Watanabe

 


 

NO GO ZONE
Fukushima – Japón. 2011-2014

Desde el tsunami y el desastre nuclear en marzo de 2011, Carlos Ayesta y Guillaume Bression han realizado numerosos viajes a la región de Fukushima y especialmente en los alrededores de la central.

De sus diferentes estancias en el lugar, resultan cinco series fotográficas con una fuerte estética que mezcla montaje y enfoque documental. Fotos imposibles, que sugieren las diferentes consecuencias de un accidente nuclear de esta magnitud.

¿Qué queda de una región cuando 80.000 personas fueron evacuadas durante la noche?
Serie A « ¿Claro-oscuro? »

¿Cómo se vive en medio de una amenaza tan invisible y desconocida como la radiactividad?
Serie B « ¿Pesadillas? »

¿Cómo avanza la vegetación sobre cada cosa y en cada edificio a medida que pasan los años?
Serie C « ¿Naturaleza? »

¿Cómo los objetos abandonados se convierten en reliquias de una Pompeya contemporánea?
Serie D « ¿Packshots? »

Y finalmente, ¿Con qué aprensión los antiguos residentes imaginan regresar a estos pueblos fantasmas?

Serie F. Para esta última, llamada « Volver sobre nuestros pasos », los fotógrafos solicitaron a los antiguos residentes y a veces a los propietarios, para que regresasen a sus negocios, escuela o lugares que anteriormente les fueron tan familiares. También pidieron a algunos residentes de la región de Fukushima que los acompañasen a esta zona prohibida. Una forma de que ellos viesen por sí mismos las consecuencias del desastre.

Frente a la cámara, sin embargo, todos debieron hacer « como si nada hubiera sucedido » y comportarse normalmente. Lo extraño y lo banal se mezcla así en estas fotografías casi sobrenaturales pero verosímiles, resultado de una histórica catástrofe nuclear. El objetivo es de testimoniar y no de militar.

Los fotógrafos documentan las consecuencias de una evacuación masiva y duradera, al menos para las ciudades más cercanas a la central de Fukushima.

 

26.01.2017 – 06:44H

Desde 2011 Carlos Ayesta y Guillaume Bression fotografían el área fantasmal evacuada por peligro de contaminación atómica tras el accidente nuclear. El territorio, delimitado por barreras de plástico transparente, mantiene todas las viviendas, edificios e infraestructuras, pero faltan los 80.000 habitantes originales. ‘’El accidente está lejos de terminarse, tanto en la central como entre los refugiados nucleares’’, dicen los documentalistas. Algunas partes de la zona de exclusión de Fukushima están delimitadas por grandes tiras de plástico como la de esta foto de Carlos Ayesta y Guillaume Bression ©

Mil kilómetros cuadrados de territorio en torno al complejo nuclear japonés de Fukushima-Daiichi, colapsado tras el accidente nuclear de 2011, son considerados zona de exclusión a la que solo se permite el paso eventual bajo la propia responsabilidad y en la que está prohibida la residencia —80.000 refugiados han sido realojados en otras áreas por la Administración—. Además de una profusa señalización de peligro por contaminación, las autoridades han desplegado en algunas zonas barreras de plástico transparente para señalar la frontera. Las lonas de plástico que envuelven árboles, construcciones, máquinas expendedoras… tiñen el lugar de una aterradora atmósfera de sala de autopsias.

Los inquietos fotógrafos editaron el libro Retracing Our Steps – Fukushima Exclusion Zone 2011 – 2016 (Volviendo sobre nuestros pasos – La zona de exclusión de Fukushima, 2011-2016) una antología de las visitas y un inventario de los encuentros que han mantenido con los evacuados, personas expulsadas de sus lugares de residencia tras la catástrofe. El libro, editado por Kehrer [152 páginas a 39,9 €], muestra lo que queda de una región evacuada de un día para al otro: paisajes intocables donde no hay cascotes, ruinas ni restos de un desastre tangible, sino una sensación fantasmal. « Lo normal y lo extraño se entremezclan en estas casi surrealistas pero plausibles fotografías ». Como si nada hubiese sucedido Los fotógrafos han querido indagar sobre qué emociones asaltarían a los antiguos residentes si regresaran a sus antiguos hogares, colegios o a los supermercados donde compraban a diario. Con la aquiescencia de quienes aceptaron el retorno para hacer las fotos, llevaron a personas de la zona a esos emplazamientos y las invitaron a posar como si nada hubiese sucedido. La indagación muestra las huellas psicológicas de la tragedia y el éxodo forzoso. Las imágenes son chocantes: una mujer posa con un carrito de la compra en un supermercado donde los envases de alimentos siguen en los estantes; un adolescente escucha música en la tienda en la que compraba discos; un oficinista simula atender un teléfono en su antiguo lugar de trabajo… Todos parecen estatuas de cera con miradas vacías y descreídas en lugares donde el tiempo se ha detenido. ‘Alguien ha movido algo de lugar’ « Mi marido y yo teníamos un salón de peluquería en Tomioka, a diez kilómetros de la central, hasta que tuvimos que evacuar. Cada vez que vuelvo aquí, tengo la extraña sensación de que alguien ha entrado y ha movido algo de lugar », dice Keiko Morimatsu. « Ya estoy acostumbrada, pero al principio ni siquiera podía quedarme una hora aquí, en mi vieja imprenta », añade Shigeko Watanabe. « Creía que podría regresar a vivir de nuevo, pero todos mis vecinos compraron casas en otros lugares y nadie planea volver (…) Esta zona es un pedazo de nada y nadie se preocuparía si desapareciera ». Los fotógrafos también muestran los centenares de miles de bolsas de plástico negro que, apiladas, contienen los 25 millones de metros cúbicos de materiales y tierra posiblemente contaminados, y el avance imparable de las plantas y la naturaleza que cubren automóviles y construcciones.